domingo, 17 de mayo de 2009

Lenington Hotel: Al Capone


La muy puta me puso todas las nalgas sobre la cara … Me sonreí y la agarré de las caderas, bajando hasta que tuve sus labios de ahí abajo contra los míos. La dí unos cuantos lametones y noté como sus piernas comenzaron a temblar. La agarré con más fuerza y podía ver como cada vez que mi lengua se colaba por su intimidad, subía el trasero.

-No seas tan malo …-murmuró con la voz ligeramente alterada.

-Esto no es nada …-abrí mi boca ampliamente y abarqué con ella todo lo que pude.

Ella gimió, pues no se lo esperaba. La succionaba todo aquello que entraba en mi boca, y aquello comenzó a convertirse en algo bastante húmedo … Sabía tan bien aquella zorra. Ella se movía, a veces intentando eludir mi boca y otra apretándose más en la misma. La pegé un pequeño mordisco a propósito y pegó un saltito. La agarré bien fuerte de nuevo.

-¡Pero no me muerdas!-se quejó bastante molesta. Para hacerla rabia la mordí una de las nalgas.

Asomó la cabeza por un lado y me dirigió una mirada de furia a modo de aviso. Yo le sonreí burlón y la di un chuptón sin dejar de mirarla. Me sonrió y agachó la cabeza. Me dio con sus caderas en la cabeza y entonces la di un manotazo. Ella gimió y movió sus caderas provocativa, esperando traviesa mi reacción. La lancé hacia un lado y se me quedó mirando sorprendida.

La levanté agarrándola por una muñeca y la acerqué con violencia hacia mí. La subí el vestido rápidamente y quedó desnuda de cintura para arriba, con el ligero y las medias. La apreté el trasero con fuerza y la besé con deseo, mientras ella se apretaba a mi pecho con las manos. Me arañaba por todas partes, agarrándome la piel, deseosa y fogosa. Yo deslizaba mi mano por los contornos de su cuerpo, pero con suavidad, mientras nuestras lenguas se perdían en la boca del uno y del otro.

La tiré de nuevo sobre la cama y cayó rebotando unas cuantas veces. Me situé encima suya y aspiré el perfume que desprendía detrás de sus orejas y por el cuello, acariciando su piel con la punta de mi nariz … Su piel se puso de gallina y podía notar sus pezones erectos chocar contra mi pecho. Bajé hacia abajo, dando pequeños besos, casi sin a penas rozar … Sus manos me agarraron por los cabellos, despeinando por completo mi engominado peinado.

Agarré uno de sus muslos y lo eché hacia arriba. Ella, con una flexibilidad contundente, las estiro por completo, llegando a pegársela al hombro. Apoyado sobre una mano, me introducí lentamente dentro de ella, observando satisfecho los gestos que ella hacía a medida que iba entrando, poco a poco … Pegué mi pelvis lo más que podía y comencé a moverme despacio … Me incliné sobre ella para besarla.

Ella me rechazaba, pues estaba tan excitada que eludía cada beso que la dirigía. La agarré con violencia con los dientes la línea de la mandíbula. Ella movía la cabeza de un lado hacia otro y abría la boca alternativamente dejando escapar gemidos de placer. Salí de ella y la di la vuelta.

Entreabrí sus piernas lo suficiente para que me pudiese acomodar entre sus piernas. Jugué con poco la punta de mi pene, redibujando la línea de sus glúteos y haciendo círculos pequeños en la entrada de su intimidad. Agarraba las sábanas con saña, hincando las uñas como si fuera carne humana …Y la penetré.

Se agarro, con los brazos estirados, en los barrotes de hierro de la cama mientras yo hacía mi trabajo con ella. Mis golpes eran secos y profundos. Ella soltaba gritos sordos y podía ver por su perfil que tenía los ojos bien abiertos. Me apretaba los labios, no sabía si por contenerme o por hacer tanto fuerza. No estaba disfrutando como la última vez, pero aún así me gustaba lo que la estaba haciendo.

Al terminar, dislumbré en la cima de mi orgamos el rostro de Ada en éxtasis y caí, casi inconsciente, sobre la espalda de Lola. Ella me echó hacia un lado de la cama, quedándome bocarriba con los ojos bien abiertos y respirando fuertemente, cegado por el sudor que cayó de mi frente antes. Ella me lo apartó con la mano y se apoyó sobre uno de sus brazos, tumbada de lado y sonriendo, por lo que podía ver de su silueta.

-Eres un chico malo …-me dijo, haciendo circulitos con la yema del dedo alrededor de uno de mis pezones- Tal vez vaya a pedirla perdón a esa más tarde …

-Haz lo que quieras …-dije, parpadeando rápidamente, como si acabara de despertarme de un pesadilla terrible.

-¿Te ocurre algo de nuevo? ¿Ya se te pasó el efecto?-dijo, colocándose encima mía y acercando su rostro muy cerca del mío, torciendo sus labios, con todo el pintalabios restregado alrededor de la boca.

-Nada, estoy agotado … Fui yo el que me moví todo el rato, ¿sabes?

-¡Perdona! Pero no me dejaste ni un solo segundo actuar …-dijo, alzando las manos al cielo indignada.

-Tranquila, fierecilla …-la cogí de las muñecas mientras la sonreía para tranquilizarla.

-Ahora te demostraré como bailo encima tuya …

-¡Espera, espera! Necesito recuperar un poco de aliento y fuerzas para continuar … ¿Acaso pretendes abusar de mí?

-No abusaría, porque al fin acabarías disfrutando de lo lindo, querido …-me acarició la mejilla y me dio un piquito en la boca.

-Anda …-di con la mano sobre la cama varias veces, invitándola a tumbarse a mi lado- Relájate un poco …

Lenington Hotel: Umberto Capone

Bajamos de la mano corriendo las escaleras. Me sentía flotando, como si no creyense que por una vez, una mujer venía pidiéndome fiesta. Fuimos probando cada uno de los pomos de las puertas hasta que encontramos una abierta y entramos entre besos sofocados y alocados dentro del cuarto. Cerré la puerta de un portazo y nos comenzamos a desnudar rápidamente, sin separar nuestras bocas.

Mientras aspiré el arona que desprendía su nuca, la ayude a quitarse el sostén. Se me volteó y cotemplé maravillado la caída de aquellos blanquísimos pechos, grandes, que revosaban de mi mano. Ella me sonreí, mientras me apretaba contra ella, tan pequeña, agarrándome el trasero.

-¿Te gustan?-me preguntó picantona.

-Más de lo que piensas … Pero la cuestión es, ¿te gusto yo a ti?

-¿Por qué no? Eres muy guapo y tienes unos ojos preciosos …-me apartó el pelo de la cara con dedicación.

-La otra vez no parecía agradarte demasiado …

-El que no me agrada es tu hermano …-me agarró de la camisa desabrochada para quedarme más cerca de su boca- Aunque seaís de la misma sangre, no significa que tenga que odiarte a ti también …

-Estás despechada …-me besó con violencia en la boca. Al separarnos la sonreí, acariciándola aquel ovalado y bello rostro- Pero aún así, tan violenta y dulce a la vez, me gustas más …

Nos fuisionamos en un beso acompañado de un brazo. La subí a horcajadas mía y me dejé caer sobre ella encima de la cama. Rebotamos unas cuantas veces y nos reímos. Al parar, nos quedamos mirando un momento con los ojos brillantes. La acaricié los cabellos rubios en un acto de ternura, interrumpido por su ferocidad sexual.

Me rodeó con ambas piernas alrededor de la cadera, haciendo chocar su sexo contra el mío. Me deshice de la camisa y entre los dos, acabé quitándome el pantalón y demases. Me acerqué al borde de la cama y la abrí las piernas de par en par. Ella, sentada justo al borde, arqueaba la espalda, echando la cabeza hacia atrás mientras yo me movía automáticamente dentro suya, conteniéndome las ganas de abalanzarme sobre su cuello.

Me agarraba fuerte a sus caderas, de cuando en cuando hincando las uñas en sus carnes. Ella me agarraba de los pelos de la nuca, mientras yo miraba embelesado el movimiento de sus pechos, subiendo y bajando de manera alocada. Apretando los dientes, me separé de ella y la dí la vuelta. Ella calló de boca sobre la cama ya deshecha.

Levanté sus caderas y la penetré por detrás. Ella gimió fuerte, como si no se esperara aquello. Ahora mi vista no se quitaba de cómo mi pene entraba dentro suya … Hacia tiempo que no veía desde tan atrás … Desde mis tiempos despreocupados en New York, cuando salía de putas con Al.

Eché un vistazo hacia el espejo y la veía retorcese gozosa, con los ojos semiabiertos, mordiendo las sábanas … La podía sentir, como me apretaba desde dentro, las contracciones … Todo. No iba a durar mucho, así que alcancé a subirla para mientras la daba duro, la agarraba los pechos.

Con unas últimas sacudidas, terminé sobre ella, lentamente, saboreando los últimos instantes que estaría dentro de ella … Ella cayó de nuevo sobre la cama, al mismo tiempo que me salía de ella. Me agarré a los barrotes de la cama agotado, trantando de recuperar el aliento. La miré tumbada sobre la cama.

Era tan hermosa: sus ojos brillaban estando incluso semicerrados, la punta de su nariz y su mejillas estaban rojas como manzanas y el pelo alborotado, brillante como nunca, se le pegaba a las partes sudorosas, tanto de su cuerpo como de su rostro … Me senté hacia su lado y la tomé, abrazándola, para sentir su cálido cuerpo contra el mío.

No me miró, por más que la acariciaba. Sus ojos celestes, más claros que los míos, denotaban cierta melancolía. En ese momento, me sentí un poco miserable por no ser yo el dueño de su corazón …

-¿En qué piensas?-comenté, tratando de ser comprensivo.

-Cosas … No quiero aburrirte …

-Yo tampoco quiero ser entrometido …

-No lo eres, tranquilo, tú no tienes la culpa de nada … Soy yo, que te he utilizado como una puta guarra que soy … Deberas, no soy así …

-No me importa como eres …-la levanté lentamente el mentó y la obligé a mirarme con sutileza- Solo me importa que estés bien en este momento …

Me besó tímidamente en los labios, pero aquello no me convenció de que se encontrase mejor. Sabía que sentía compasión por mí y una rabia enorme hacia su verdadero amor … No podía cambiar eso, pero al menos me podía conformar con haberla tenía tal y como estaba en mis brazos … Un ángel tan delicado y refinado como ella, al que nunca estuve acostumbrado …

Lenington Hotel: Al Capone


Aquella noche iba a ser una de las más importantes de mi vida. Torrio, antes de irse a Basilicata , para pasar el resto de sus días en su tierra natal, iba a hacerme un nombramiento digno de emperadores, para que no tuviera ningún problema de ahora en adelante. A pesar del rencor que me guardaba por habérsela jugado tan vilmente, él sabía de sobra que a ningún otro podría dejar su negocio con tanta tranquilidad.

Elegimos el Lenington Hotel, un edificio relativamente nuevo, donde Torrio ya había anclado un importante negocio encubierto, como era el juego. Decidí que allí estabecería mi centro de operaciones, pues el juego, junto con las prostitutas de lujo que podría meter allí, estaría más protegidos. Por más que los policías hicieran redadas en los demás tinglados, siempre tendría asegurado el sitio, custodiado por mis hombres de confianza.

Torrio, vestido más elegante que nunca, con un traje italiano, aún andaba en silla de ruedas, pero eso no le impidió venir. Ya no tenía ninguna herida o contusión patente, por lo tanto hizo acto de presencia para pasarme el testigo y tranquilizar a las masas escépticas, por mi propio … Me dolió el haberle puteado, pero si no, nunca me hubiera hecho ganar su respeto absoluto … Reunidos el pequeño grupo de élite, antes de que llegaran los demás invitados para posterior fiesta, en el comedor, cenamos en paz y armonía. La camadería era evidente, pero uno, no se podía fiar ni de su sombra, así que, por aquella noche, guardé las distancias con los demás miembros, a los que pasé por encima en poco tiempo, para dar a entender que no me la podrían jugar tan fácilmente. Las apariencias era importantes para transmitir un mensaje que con las palabras no eran tan impactantes …

Umberto y Francesco, después de Torrio, formaban mi círculo más cercano y de confianza. Miré a mi hermano y mi mejor amigo de la infancia para que estuvieran alerta de cualquier gesto sospechoso; no quería que en mi propia noche de gloria me la jugara algún hijo de puta inconforme. Tras terminar la cena, a punto de dar paso al postre, Torrio, desde la altura de su silla, alzó la copa de vino tinto en señal de brindis.

-Por Al-dijo, mirando a cada uno de los presentes y después posando su brillante mirada en mí- Siempre confié en ti y en tu talento- se dirigió ahora a los demás presentes- Y por eso, has llegado donde estás ahora … Tienes juventud, cosa que a mí ya me falta … Espero que tengas éxito y sepas llevar con mucha dignidad el negocio que dejo en tus manos.¡Salud!

-¡Salud!-dijeron todos al unisono, adelantando las copas sin rozarse.

Llegó el postre: tiramisù. No me gustaba mucho, pero aproveché que estaba hecho por uno de los pasteleros italianos más prestigiosos de la ciudad. Exquisito. Después, en bandeja de plata, un camarero fue uno a uno de los invitados importantes ofreciendo puros habanos. Salimos al salón de baile, que estaba lleno tanto de putas como muchachitas preciosas. Pedí exclusivamente un Templeton Rye que mandé traer desde Iowa, y que me costó un ojo de la cara, pero aquella era mi noche y me podía permitir ese tipo de caprichos.

Todos, al entrar al salón, se volvieron como cabras, arrimando la cebolleta a todo coño que olían. En ese momento, vi como Torrio se preparaba para marchar. Me acerqué para despedirme, antes de integrarme por completo a la fiesta. Nos dimos un fuerte abrazo, seguido de un apretón de mano.

-Gracias, Johnny -le tomé los hombros y le miré emocionado; había sido como un padre para mí- De verdad, no sabes lo que significas para mí …

-Y tú para mí …-me dio unas palmaditas en la cara de forma cariñosa- Te deseo toda la suerte del mundo … Si tienes algún problema, no dudes en llamarme …

-Te llamaré aunque no la necesite …

-Anda, deja de decir ya esas cosas que pareces marica…-nos reímos y por fin nos separamos, mientras unos hombres ayudaban a subirse al coche a Torrio.

De nuevo entré en la sala y me encontré a un tímido Ben en un rincón, tomando en silencio. Me acerqué a él y le di unas palmadas en la espalda. Me miró con ojos desconcertados.

-¿Te diviertes muchacho?-intenté parecer amistoso.

-No mucho, dejé plantada a mi novia por venir aquí … No pinto nada.

-¡Qué dices! ¡Eres de la familia! Mira, si lo que hechas de menos es el amor de una mujer, te puedo conseguir a la que quieras …

-No, gracias …

-¡Vamos! ¡No me seas calzonazos! ¡Diviértete como un hombre!¿Acaso va a venir tu mujercita a vigilar tus pasos?

Se encogió de hombros dando un largos suspiro. Eché un vistazo a mi alrededor, y vi a una jovencita, de aire virginal, actuando en el escenario. No seguía la moda, pues llevaba el pelo bastante largo, con tirabuzones, y cantaba canción antiguas de aire meláncolico, y con contenido picantón.



-¿Ves a esa de allí? Es tuya- me miró perplejo, con el ceño fruncido- Ya es hora de que pruebes el dulce aroma y tacto de una virgen …-le di unas palmaditas en el hombro, ignorando su la mirada de odio que me dirigía, como si hubiera ofendido a su putita.

Le di un codazo a Francesco, que áun andaba ebrio y le pedí que me presentase a la muchachita en cuestión, pero que antes preguntara si era virgen. Siguió mis instrucciones y se colocó sigilosamente detrás de la bambalinas. La chica hizo una graciosa reverencia y desapareció detrás del telón. Me volví para el chico y le ofrecí un puro. Me lo cogió por miedo a rechazaro más que por gusto. Esperamos pacientemente, hasta que por fin se dignaron ambos en hacer acto de presencia.

La niña era más hermosa de lo que pensaba. Tenía el pelo de un tono rojizo precioso y sus ojos grises eran hipnotizantes. Su piel era tan blanca que ofrecía una imagen de pureza. Me maldije por tener que prestarsele impoluta a mi joven sicario, pero tenía que hacerle espabilar, o de lo contrario, se me achicaría en cualquier momento …

The "Nookie Roker" Building: Al Capone

Me costó convencerla, pues aún era muy niña, pero al final, conseguí llevarla al Nookie Rooker. Sabía que no era el sitio más romántico del mundo, pero no podía llevarla al Bohemian, donde corría el riesgo de encontrarme con su primo y se podría liar buena.

Ella miró un poco disgustada a su alrededor, aunque intenté con toda mi buena voluntad que la habitación fuese la más decente de todas … Maldita cría, no era exigente ni nada … Mientras se quitaba los guantes y el abrigo, me coloqué justamente detrás de ella y la agarré por la cintura, acercándola contra mi cuerpo. Ella suspiró y a través del espejo que había enfrente de la cama, pude ver como los párpados se cerraron sobre sus ojos. Su cabeza se apoyó en mi hombro y aspiré fuerte el perfume a rosas que desprendían sus cabellos.

Se giró, esta vez con los ojos abiertos y mirandome con aquellos ojos de oro centelleando a la luz de las lámparas de gas de sendas mesillas que había a cada lado de la cama. La acaricié el rostro repetidamente, contemplando su anguloso pero armónico rostro. Ella me sonreía dulce e inocente, que a pesar de haberla desflorado, seguía manteniendo ese aire virginal.

-No sabes cuánto he deseado este momento …-me susurró en italiano, mientras desabrochaba lentamente los botones de mi camisa.

-Yo también …-mentí, para después besar poco a poco su rostro, comenzando por la frente, continuando por los ojos, los pómulos, la barbillas, el hueco de detrás de la mandíbula …

Sus manos temblorosas me quitaron la camisa, acariciando mis fuertes brazos. La agarré fuerte por la nuca y la besé con violencia los brazos. Ella parecía entre medias de corresponderme y de intentar huir de mi fuerza. Me agarró con las uñas del pecho y yo la guié hacia la cama, donde la fui dejando, sin soltarla, tumbada.

Sus cabellos castaños se esparcieron a lo largo del cubre cama de color crema. Mi mano se perdió entre acaricias en su pequeño cuerpo, mientras la iba desnudando poco a poco. Su respiración agitada, como si fuera su primera vez. La besaba dulcemente para calmarla, pues temblaba de arriba a bajo.

Me sentía extraño, ya que no era mi naturaleza ser tan amoroso. Me estaba repimiendo mi verdadera naturaleza sexual porque no quería hacerla daño, ya que me inspiraba ternura. Me puse de rodillas al borde de la cama y lentamente, pasando mis labios por el interior de su muslo, la fui quitando las medias. Podía oírla gemir sutilmente, mientras apretaba el colchón con ambas manos.

-¿Estás nerviosa?-dije, con voz sensual, en italiano.

-No …-dijo con un hilillo de voz.

La apreté bien de las nalgas, mientras me deleitaba besando el interior de sus muslos, pasando la nariz por encima de sus bragas, que desprendían el aroma característico de la excitación, rozando el pequeño bultito que sobresalía sobre lo demás. Se movía delicadamente, apretándome a veces la cabeza con las piernas, cosa que me hacía gracia y se las retiraba suavemente.

Me deslicé por encima de su cuerpo hacia arriba y me quedé justo encima de ella, apoyando el peso de mi cuerpo en mis brazos extendidos. Sus mejillas se habían tornado rosadas y tenía los labios ligeramente más gruesos, con los ojos entornados. Me acerqué y la veces varias veces, mientras rozaba mi sexo sobre el de ella.

Se me agarraba fuertemente a la espalda, incluso llegó a tocarme el trasero, para juntar más mi pelvis contra la suya. Con destreza me deshice del cinturón y los pantalones, los cuales lance bien lejos. Me acarició los muslos, para después, ante mi sorpresa, bajarme los calzones. Luego me acarició el miembro, aún con un poco de temor, pero que hizo que aquella vez me estremeciera yo.

Ahora ya no nos besabamos, sino que nos mordíamos sin compasión, como si desearamos devorarnos en ese mismo instante. Me volteó, dejándome tumbado y se colocó encima mía, sus pechos rozaron mi piel. Sentada sobre mí, se bajó lentamente la cremallera de la falda y se deshizo de ella. Me puso las manos sobre sus muslos, los cuales agarre con fuerza mientras nos movíamos lentamente. Se inclinó sobre mí, besándome lentamente, con los cabellos sobre el rostro, los cuales se los apartaba con una sonrisa.

Cuando se levantó, oscura sobre mí, la sentí como una diosa en todo su esplendor, con los pechos erectos, la espalda arqueada hacía atrás y una cascada de rizos cayendo sobre los hombros. Su boca entre abierta dejaba escapar gemidos de placer, mientras yo me deleitaba acariciando las formas de su cintura, sus redondos pechos … Me sentía como en el cielo, pues, ella sola empezó a moverse y yo estaba allí, parado, disfrutando …

Al largo rato, calló seca y gritando de éxtasis sobre mi pecho, con algunos pelos pegados a la frente sudorosa. Nuestros cuerpos pegajosos desperendían un calor infernal y entonces, dedicí que me tocaba acabar la faena. Sin separarnos, la di la vuelta y la abría las piernas ampliamente, apoyándome sobre mis brazos y moviéndome dentro suya frenéticamente.

Ella lloraba en silencio, con el rostro contraido en una mueca de placer. Hasta que esta vez caí yo sobre ella, mientras me vaciaba dentro suya. Me acariciaba el pelo sienciosa, mientras yo intentaba recuperar el aliento. Me separé de ella con sumo esfuerza, pues estaba agotado de aquella intensa copula. Me tumbé bocarriba, al lado suyo y ella se giró, colocándose de lado y mirándome con ojos amorosos. La sonreí, colocándola los cabellos detrás de la orejita élfica.

-¿Qué pasó?-la dije yo, alzando las orejas.

-Nada …-murmuró sonriente.-Tengo sueño …-se puso remolona y cerró los ojos.

-Yo también …-la besé en la frente- Espero que tu primo no se preocupe por donde andas … Si no, estaré muerto …

-Estará tan borracho que no se preocupará ni de si mismo …Abrázame.-la acerqué mi pecho, mientras recostaba su cabeza sobre el mismo …

lunes, 16 de marzo de 2009

Hahnemann Hospital: Al Capone

Aún me quedaba otra cita pendiente. Tras salir del Met, me dirigí hacia el hospital donde se encontraba Torrio. Todo iba sobreruedas, pero aún no podía cantar victoria, pues para que todo saliera según el plan, tenía que asegurarme de la retirada de Torrio.

Estaba postrado en la cama, entuvado y con varias vendas, pero ahora se veía mejor que la última vez que le ví, justo después del accidente … Estaba rodeado de sus familiares y su mujer, la cual nada más verme entrar me dio un abrazo. Torrio les mandó retirarse y nos quedamos a solas en la habitación, mientras una de las enfermeras le cambiaba el suero.

-¿Qué tal va, viejo?-dije, mientras le daba unas palmaditas en la mano que se posaba inerte sobre las sábanas.

-Aquí andamos … La verdad que muy cansado de todo esto … Creí que estar enfermo y vaguear estaba bien … Pero me equivoqué, me aburro absolutamente y me pongo nervioso con las visitas … Todos me miran con tristeza … Y eso me da asco …

-Entiendo …

-Tengo ganas de echar patas de este antro … Solo escucho a los demás enfermos quejarse y eso me deprime … Y tú …¿qué me cuentas?

-Me he estado haciendo cargo de varios asuntos … Estoy atando cabos que quedaron pendientes tras el atentado … Hice lo que me recomnedaste, y hay de momento una paz acordada entre las bandas; cada una tiene su zona de influencia y todos contentos de momento.

-Tienes que ser más positivo … Recuerda lo que te dije: hay que ser a veces pacífico para solucionar los problemas; sino, tendrás cada día una bomba delante de tu casa o algún negocio volando por lo aires … Debes de controlar tu temperamento.

-Eso intento … Al menos así me libro de la terapia …

-Ay, Al …-rió en la medida que le dejaban sus costillas- Como se nota que aún eres un crío en todo esto … Pero aún, creas o no, confío en ti : tienes un gran talento y un fuerte carácter para dirigir esto. Eres inteligente, aunque no te lo creas.- Se reincorporó un poco sobre su cama y me hizo que me acercarse más a él, mientras le ayudaba a colocarle las almohadas detrás de la espalada y la nuca- ¿Te creías que no me dí cuenta de lo que me hiciste?-me agarró de la corbata, apretándomela contra la nuez.

Tragé saliva, pero desde hacía tiempo había asumido ese riesgo cuando lo planeé todo. Por detrás de mi pantalón, palpé la pistola por si las moscas … No iba a dejar que un viejo mamón me la jugara. Me soltó y pude a volver a respirar, mientras me recolocaba la corbata.

-Pero ¿sabes? Ya estoy muy mayor para pelear con un joven como tú, con tanta energía … Así que .. He aceptado la derrota y me rindo a tus pies, Al … Eres todo un gangster y te lo ganaste con esfuerzo e inteligencia … Con tu ambición, llegarás muy lejos … Te lo dice un viejo zorro como yo … Te nombro mi sucesor inmediato.- se quedó un momento mirando al vacío, rabia y resignación. Por muy pacífico que era, tenía un orgullo enorme, tan grande como su carisma- Antes de partir a Sicilia, haré una ceremonia como es debido y todas mis posesiones americanas pasarán a ti de manera legal y todos mis hombres pasarán a obedecerte, incluido Yale.

Me recosté sobre mi asiento, sonriendo satisfecho, pero a la vez, sin fiarme demasiado: hasta que no pasara la ceremonia, no podía cantar victoria y debía estar más que atento pues mi vida podía correr peligro en ese pequeño momento transitorio. De nuevo entró la enfermera para mandarme marchar, pues la hora de visita se había terminado. Me levanté, tomando mi abrigo y sombrero.

La mano de Torrio me enganchó con fuerza antes de poder emprender mi camino hacia la puerta. Le miré desde mi altura con seriedad y entonces, el se llevó el reverso de mi mano a su boca y me lo besó, poniéndome su sello en el dedo meñique. Me quedé un poco sorprendido por aquel gesto y definitivamente me fui.

Afuera del hospital, me quedé contra la pared de la puerta principal fumando, mirando a la nada, sumido en mis pensamientos, sin sentir el frío que me envolvía y los coches pasar con sus cegadoras luces, las sirenas de ambulancias y coches de policía … No me lo podía creer: algo con lo que siempre había soñado, algo por lo que tanto había luchado, ahora que lo tenía enfrente de mis narices me producía inseguridad y casi me parecía un sueño del que pronto me podía despertar.

Entonces, una silueta femenina se acercó hacia mí, con el sonido de sus tacones golpeando fuertemente contra la acera, corriendo … Dislumbrándose a través del vaho que salía de las alcantarillas y las luces de los faros de los coches que pasaba de un lado a otro … Parecía un espectro casi fantasmal.

-¿Ada?-murmuré.

Pero no, no era ella. Un rostro dulce, con el pelo largo y hondulado me miraba sonriente, con sus labios pintados de carmín y un lugar distintivo en una de sus mejillas. Era Christina. No me podía creer que hacía aquí …

-¿Te acuerdas de mí?-me dijo, aún sonriente y acaferrándose con fuerza el abrigo de piel al pecho, con las manos enguantadas.

-Sí, claro …-la agarré de la cintura y me la acerqué a un más.- Se te ve muy linda …¿Qué haces tú, aquí, en Nueva York?

-No podía olvidarte …-su rostro estaba muy cerca del mío y podía ver brillas sus ojos miel a la luz de las farolas como si fuera oro- Le pedí a Cesco que me invitara a venir … Que quería conocer la ciudad …

-¿Le dijiste acaso la verdadera excusa?

-No … De lo contrario, no me hubiese dejado venir …-apoyó su pequeña cabecita en mi pecho y respiró profundo- Por las noches aún me embriaga el aroma de tu sudor …

Me aspiró profundamente cerca del cuello de la camisa y noté como sus manos se aferraban aún con más fuerza en mi abrigo. La acaricié los cabellos y me quedé un rato pensando, mientras ella fantaseaba con mi perfume y el tacto de nuestro cuerpos en aquella fría noche …

Entonces, reaccioné y la agarré de los hombros, mientras ella me miraba con dulzura y admiración … Pobre, nunca me haría sentir lo que Ada … La sonreí, acariciándole sus ronsojadas mejillas, mientras ella cerraba los ojos gozosa del paso de mi gélida mano por su ardiente rostro.

-Debes de estar hambrienta … Vayamos a cenar a un sitio y después te llevo a ver un cine, ¿Vale?

-¿De veras? Cualquier cosa contigo me parece maravillosa …

Se me agarró al brazo y entramos en mi coche. Aquella noche, no creía que fuera a cenar a casa …

Los Angeles: Ada Swarty

A las pocas semanas, comenzamos a rodar. Estaba completamente entusiasmada y llamé a Jimmy para contarle mis primeras impresiones.

-¡Jimmy! ¡Esto es increíble, amor! ¡Ojalá tú también pudieras estar aquí para verlo!

-Me alegro de que te estés divirtiendo al menos.

-Sí … Ya grabamos unas cuantas escenas: una de ellas resultó ser una fiesta en Navidad y fue genial. Había un ambiente muy animado, como si todo fuese una gran fiesta. Tuve un solo de claqué y me sentí en ese momento mue importante, ¿sabes? Como esas grandes estrellas del cine … Pero prefiero no creérmelo aún; ¡no dejes que se me suba a la cabeza!. Lo que más miedo me da es la crítica …

-Bueno, relájate … Si quieres, para Año Nuevo puedo pedir unos días libres y te voy a hacer una visita.

-¡Eso sería fantástico! Conozco un sitio perfecto al que llevarte.

-¡Pero si solo llevas unos días! ¿Ya te conoces la ciudad entera?-rió.

-Bueno, tengo buenos guías …-dije, sonriéndome a mi misma, mientras enrrollaba el cable del teléfono entre mis dedos.

La verdad es que el señor Di Stefano se lo estaba ganando a pulso. No paraba de colmarme con regalos y detalles, y siempre andaba pendiente de que nada me faltase. Era un hombre tan atractivo … Pero no podía. Me prometí a mi misma que nada mientras andase en marcha la producción. Siempre habría algún bocazas por allí rondando que podía joderlo todo y no quería empezar mi carrera hacia el estrellato con el mote de “puta”.



Una vez echa la vista a la escena, me vino a felicitar personalmente. Me tomó de los hombros y me miró como un padre orgulloso de su pequeña. Me sonrió, mientras observaba divertidad como se le movía el fino bigotillo al estirarse la piel de encima de los labios.

-Tienes talento, Ada … Sabía que podía confiar en ti.

-Gracias …-dije apartando la mirada y poniéndome un poco roja. Nadie me había reconocido mi talento en mucho tiempo.

-Te quiero presentar a alguien, al que le hablé muy bien de ti …-desde las sombras apareció un joven, no tan joven, pero aún así se mantenía como tal; de ojos oscuros y que me resultaba extrañamente familiar.



-¿Charles Chaplin …?-musité, no dando crédito a mis ojos. No podía creer que tuviese enfrente mía a un gran actor.

-¡Vaya! Creo que ya no hace falta más presentaciones …¿cierto?-me dijo en aquel acento inglés que le hacía parecer todo un gentleman, mientras me besaba la mano como todo un caballero- Encantado de conocerla señorita … Hizo un trabajo excelente; tiene mucho talento.

-Me van a hacer sonrojar entre todos …-dije llevándome las manos al rostro y haciéndome la remolona, mientras sonreía de felicidad en todo momento- Además, aún no terminó la película ni salió a la calle … Habrá que ver la opinión del exterior, tanto del público como de los periodistas.

-Te tomas tu trabajo en serio … Me gusta, al menos no eres una petarda que busca la fama-añadió, sonriendo Charles.

-¡Vaya!Creo que debería tomarme eso como un piropo-me puse en jarras a manera burlona, pero a la vez aquel comentario me hizo gracia.- Soy más que un cuerpo bonito …-me puse chula, dándome una vuelta sobre mi eje para exibirme.

Me encantaba notar como me comían con la mirada … Eso aumentaba mi ego de manera considerable. Aunque notaba como Di Stefano se ponían un poco celoso, como si le estuvieran quitando a su presa. Me acerqué a él y me colgé del hombro; no quería perderle de todas maneras, un poco de diversión nunca venía mal.

-¿A qué viene esa cara tan larga, papi?-le hice pucheritos para hacerle reír.

-Nada, cariño … Simplemente me asombra que no soy el único en caer en tu campo electromagnético.

-Sí, es como si fueras una hechicera … O una bruja.

-Lo último me gusta más-dije disparándole con un dedo y guiñando un ojo.

-Bueno, amigos … Fue un placer conocerla señorita, pero tengo que irme … Estoy aquí al lado en el rodaje de otra película.

-¿Cómo se llama?-pregunté interesada, pues él era uno de mis actores preferidos.

- “La quimera del oro” … Estará lista para el año que viene.

-Me muero por verla … Espero ir el mismo día del estreno.

-Yo mismo me encargaré de que así sea …-me hizo una graciosa reverencia al más puro estilo Charlot.

Me reí con ganas y me despedí con tristeza. Me quedé al lado de Di Stefano viéndole marchar, notando el calor de su cuerpo.

-¿Te gusta?

-No está mal, ¿no?-le miré juguetona.

-¿Quieres que te consiga una cita con él?

-De momento no …-me volteé para dirigirme de nuevo al set y prepararme para la próxima escena, esta vez, una de amor …

Metropolitan Museum of Art: Al Capone

Al poco de recibir la llamada, tomé mi chaqueta y el abrigo y salí corriendo de casa. Un Umberto medio dormido me pilló en plena huida en la entrada. Se rascó la cabeza con los ojos semicerrados mientras yo cogía la bufanda y el sombrero.

-¿A dónde vas con tanta prisa?

-Tengo un asunto pendiente … No tardaré en volver- abría la puerta y antes de salir añadí- Dile a Mae que vuelvo para la cena.

-Está bien …-se volteó hacia la cocina, con los calzones de dormir aún puestos. Me sonreí divertido y me puse en marcha.

Había nevado la noche anterior la espesura de la nieve subió. Aunque andaba con prisa, debía de ser cauteloso con mi conducción, pues podía meterme una buena sino ponía precaución. Llegué al Met lo que me permitió la circulación. Hacía aún más frío en el centro, parecía increíble … Al entrar, pregunté por la señorita McArthur y me preguntaron qué quería.

-Solo hacerla una visita de cortesía …-y le guiñé el ojo cómplice para que pareciese todo más creíble. El guardia me miró con una ceja alzada y me pidió que le acompañase.

Bajamos a la parte baja del museo, donde supuestamense se encontraban los despachos y las salas de investigación. Miraba a mi alrededor maravillado, pues nunca había estado en un museo y todas aquellas piezas tan extrañas, pertenecientes a otras culturas y épocas me parecieron fascinantes. Algún día traería a Sonny cuando fuese más mayor …



En ese mismo instante, llamé ligeramente a la puerta y sin esperar respuesta, entré. Me quedé sorprendido al no encontrarme a la señorita McArthur sola. A su lado, se encontraba un hombre bastante más alto que yo y moreno … Parecía árabe o algo de eso, pero no iba vestido como tal.

-¿Interrumpo algo?-dije sonriente, intentando disimular el mal rato que estaba pasando. Se me quedaron mirando sin saber que decir y McArthur se quitó las gafas.

-No-dijo ella contundente, mientras el otro la miraba sin dar crédito- Firas, te presento a Alphonse Capone, un amigo …-y diciendo esto, bajo la voz y la mirada como un poco incómoda por la situación que se le había presentado.

El hombre se me acercó desganado y me estrechó la mano por pura cordialidad. Me miraba con mirada fija y seria, como si estuviera analizándome. Yo sonreía o apretaba los dientes fuertemente intentando disimular mi temor por aquel grandullón.

-Es un placer, señor Capone … Aunque le resulte gracioso, su nombre me resulta conocido … Creo haberlo oído por alguna parte.

-Lo dudo-y me quité el sombrero, mientras me volvía a peinar con la mano como podía, de puro nerviosismo.

-En fin … Creo que aquí sobro … Ya hablarems después Eve … Recuerda lo que te dije …-dejó caer sus últimas palabras mientras cerraba la puerta tras su salida.

-Como tú digas …-respondió medio indiferente. Una vez cerrada la puerta, se me acercó apresurada y me dio una bofetada - ¿Cómo es que te me presentas aquí? Tu objetivo es Boris, ¡no yo!

-Vale tranquila, pero solo quería pasarme para darte las gracias y que mi visita no sea ni tan directa o sospechosa como ya lo es … Es más fácil simular ser amante tuyo para llegar Boris con discrección …-me la quedé mirando fijamente a aquellos ojos grandes de color chocalate y la tomé uno de los rizos que acariciaban sus mejillas y se le salían del moño, recogido por la parte de atrás- Aunque eso disimular solo si tú quieres …

-¡Quita de encima, hombre!- me dio un manotazo en el reverso de la mano que escocía como mil demonios - No tengo el mínimo interés … Aparte que no le puedo hacer eso a Ada, que es mi amiga …

-Ada es una puta … No creo siquiera que se molestase porque te me tirases al cuello …

-Siento cierto rencor en tus palabras …-dijo riendo, mientras volvía a su escritorio.

-Eso que te lo cuente ella si quiere cuando vuelva de su aventura hollywoodiense … Pero vayamos al grano, ya que es así como deseas …-me apoyé sobre la mesa y la miré ahora serio - Tú dime donde se encuentra el Boris ese y yo me encargaré de él …

-¿No le irás a hacer nada malo? Recuerda que yo le necesito para mis asuntos …

-Sí, sí, ya sé-dije mientras me voleteaba con los brazos en jarras- Pero dime, ¿dónde está?

-Debe de estar en su despacho … Vino a pedirme unos papeles hace un rato y de paso me dijo que cancelaba su viaje Boston … Por eso llamé enseguida.

-Entiendo … Bien, gracias por todo, en serio, señorita McArthur, se la está jugando pero aún así, no se que tipo de intereses la mueven para aliarse conmigo, pero deben de ser muy fuertes.

-Si quiero conseguir algo, lo consigo a toda costa … Incluyendo si tengo que pactar con el diablo.

-Gracias por el piropo- dije sonriendo, me volví a poner el sombrero y la llegué a alcanzar la mano y se la besé a modo de despedida- Que tenga buena suerte …

-Lo mismo digo …-dijo, y por fin pude sacarla una sonrisa.

Me dirigí hacia el despacho de Boris, fijándome en la placa de la puerta, pues se me olvidó antes de marcharme preguntar. De verdad, las mujeres me traían loco … Debía aprender a controlarme.

Colosimo's Cafe: Umberto Capone

-¿Cómo es que tú conoces a Capone?- la agarré de un brazo violentamente y nos volteamos, haciéndola bajar de la silla, para que la gente no viera lo que estaba pasando con tanta claridad-¡Dime!-grité entre dientes.

Ella me miró horrorizada y con la boca abierta, sin saber qué decir. Me miró con aquellos ojos celestes, incluso más claros que los míos, brillantes, espectantes, aterrorizados …

-Yo …yo …yo …-tartamudeó.

La zarandeé para espabilarla. Ella apretó sus ojulos y, entonces, el pelo se le cayó al suelo. La miré asustado. Tenía todo el cabello aplastado, completamente estirado sobre su pequeña cabecita, recogido todo en un moño superapretado.

-¡Vaya!-sonreí, riendo. Me parecía tan chistosa la situación- ¡Si no eres morena!

Las mejillas se la encendieron más que de vergüenza de rabia, aunque la mirada de terror aún así no se le fue. Era tan linda y tan dulce, con una finísima nariz repingona, una piel blanquísima y unas pestañas rubias que combinaban con el azul cielo de sus ojos.

Ella evitaba mi mirada, y cada se apretaba más y más contra la columna que nos alejaba de las miradas indiscretas, intimidada por la corta distancia que separaba nuestro cuerpos … Aspiré su perfume embriagado … Hacía tanto tiempo que no olía a una mujer … Me acerqué con delicadeza y aspiré detrás de las orejillas … El hueco del cuello … La nuca … Era exquisitamente dulce, que hizo que cerrara mis ojos …

Noté su pecho chocar contra el mío … Me había acercado demasiado. Me alejé un poco turbado por mi comportamiento … No quería traerme problemas en aquella situación. Al me podía echar una buena encima si me pillaba coqueteando mientras estaba a su servicio. Me agaché para coger la peluca y se la mostré, de nuevo poniéndome firme.

-Dime … ¿Para qué llevas peluca en un sitio como éste?-dije, mientras la hacía rodar sobre el eje de mi dedo- ¿Acaso no querías ser reconcer por alguién? Quizás …¿Por Capone?

-En serio … No me haga daño, por favor … No …-se volvió a encojer sobre sí misma cuando volví a acercar mi rostro a el de ella.

-Disculpe …-un fino de dedo me dio golpecitos en la espalda.

Me giré lentamente, solo con el rostro y de refilón vi a una mujer rubia, que se bajaba lentamente las gafas que ocultaban unos felinos ojos grises. En serio … Los ojos claros son mi perdición … Debí quedarme con cara bobo porque me sonrió con sutileza.

-Disculpe caballero, pero la señorita a la que está acosando es mi acompañante …-y está vez me mostró una fila perfecta de dientes blancos.

La miré a aquella joven y después volví la miraba a la que hace unos instantes me estaba volviendo loco … Su rostro se tornó en un gesto de alivio. La dejé paso y ella casi corrió de puntillas hacia la otra rubia, a la que disimuladamente, agarró de un brazo. Me quedé casi sin palabras, soltando una frase tan idiota como:

-¿Quieren que las invite a algo, chicas?

Se miraron un momento y la de los ojos grises me asintió con la cabeza, a pesar de las miradas de incredulidad que le dirigía la otra. Se fueron a sentar a una esquina mientras yo me dirigía al barman y le pedía unas bebidas adecuadas para dos señoritas como aquellas. Desde la barra, las echaba de vez en cuando un vistazo, mientras ellas hablaban de manera muy extraña. Las llevé las copas y me lo agradecieron con tímidas sonrisas.

-Gracias, así está bien …-la otra seguía sin decir ni mu.

Me quedé un rato de pie mirándolas cuando entonces. Vi que me hacía señales desde la puerta, tras la que se estaba celebrando la reunión.

-Bueno señoritas … Tengo que irme … Fue un placer conocerlas …-me iba a dar la vuelta, cuando me percaté de que no hice presentaciones- Por cierto, mi nombre es Umberto … Si necesitan algo, ya saben a quién acudiar … Este …

-Irina …-se llevó la rubia la mano al pecho- Y ella es Oplympia …-la otra la miró con cara de espanto.

-Encantado, mucho gusto …-hice una graciosa reverencia y ambas rieron. Me coloqué la boina de nuevo y palpé en la cintura para comprobar que el arma aún continuaba ahí.

Me encaminé hacia la puerta y le pregunté que qué quería.

-Ya terminaron … Tu hermano quiere verte … Es evidente, ¿no?

-Bien …-murmuré y suspiré al entrar.

Al se levantó nada más verme y me llevó a un rincón de la sala, más alejado de la mesa principal, donde los demás mafiosos aún continuaban hablando con traquilidad, mientras fumaban un puro y bebían de sus copas. Me dio unas cuantas palamadas en la espalda.

-¿Qué tal lo llevas muchacho …?- se paró un momento y se me quedó mirando serio al rostro, hasta entonces no me acordaba de que me habían abofeteado- ¿Qué coño es eso?-preguntó, cambiando radicalmente el tono de su voz.

-No fue nada …tranquilo …-dije, mientras apartaba de su vista la zona marcada.

Me cojió bruscamente por las boca y me la volteó de manera que pudiese ver mejor. Su ceño estaba completamente fruncido, uniendo en una sola línea gruesa oscura sus cejas. Me soltó con brusquedad y comenzó el interrogatorio, poniéndose en jarras.

-¿Quién te hizo eso? Y más vale que lo digas pronto.

-Una mujer me abofeteó porque la asusté … Mea culpa …-dije, sintiéndome incómodo.

-¿Una mujer?-comenzó a reír- Qué payaso eres … Te dejó bien marcado.

-Sí, menuda fuerza tenía la maldita condenada …-dije, mientras me acariciaba la parte de mi cara que era centro de atención.

-¿Y cómo era esa mujer?

-Rubia … De ojos celestes … Con una naricita respingona preciosa … Creo que se llamaba Olympia …

Se quedó un momento pensando y entonces, volvió a la realidad.

-¿En qué pensabas?-esta vez le pregunté extrañado-¿No será …?

-No, no es … Pero es alguien cercano …

Colosimo's Cafe: Al Capone

Me quedé un buen rato mirándole con cara de odio, con la copa vacía en la mano y la bebida derramada entre mis dedos, hasta que recordé la cordura a tiempo antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirme …

-Mira muchacho …-le pusé una mano en el hombro y le agarré con fuerza, para imponer de nuevo mi autoridad- Deberías empezar a tomarte más en serio esto … No me apetece andar con amenazas cada dos por tres como si fueras un niño chico … Madura, afronta lo que la vida te da … Tanto las cosas buenas como las malas …

-Pero … No puedo más … Se lo juro, señor Capone … No me hubiese enfrentado a usted si no fuese … Por ella … -bajó la mirada, conteniéndose las ganas de explotar a través del llanto.

-¿Por ella? ¿Qué te ha dado ella nada más que problemas?-le dije, ahora tomándole también del otro hombro y zarandeándole, obligándole a que me mirase a la cara- Cuando menos te lo esperes te harán alguna putada … De la forma que menos te esperas … Todas parecen al principio ingenuas … Pero cuando les entregas tu confianza y amor, la cagas …

Me aparté de él y me quedé pensando mis propias palabras. ¿Podía ser que yo mismo me hubiese sentido alguna vez traicionado de aquella manera para que aquellas palabras salieran de mi boca como si fuese un viejo sabio del amor? Ada …¿Qué me habrás hecho, bruja? …

-No creo que Oly sea así …-murmuró para sí mismo, sorprendido por mis palabras …

-Ven … Tendrás que aprender a mentir … Ella también lo hará … En esta vida, nada es tan puro como parece …-le hice una seña a mi hermano para que saliese fuera a vigilar junto con los demás, dándole una pistola por si las moscas. Le llevé del hombro hasta la sala donde celebraríamos la reunión- Al principio todo es hermoso, pero cuanto más tiempo pasas con una persona, a pesar del amor, se vuelvo todo más oscuro … Menos nítido …

Me encendí un puro y me senté en el sillón presidencial. Le invité a sentarse a mi lado por mientras esperábamos a los demás, a lo que el respondió con cierta timidez. Le ofrecí un puro; primero me lo rechazó pero le insistí serio y al final cedió. Se lo encendí y trató de aspirarlo. Casi se ahoga el pobre y yo no pude más que reirme.

-¡Muchacho!¿Nunca te han dicho que los puros no se tragan si no que saborean? Esto es mejor que un maldito cigarro … Disfruta con breves caldas pero te las trages … Solo siente el aroma en la boca …-hice yo la prueba para que el comprendiese.

Me imitó y esta vez comprendió. Me miró como si se sintiese orgulloso. Al poco, fueron llegando los jefes más importantes de las demás bandas que dominaban la ciudad, una mezcla de italianos e irlandeses … Una bomba que podía estallar en cualquier momento.

Allí estábamos todos:

Dion O’Banion













Bugs Moran

















Hymie Weiss














Venía con sendas bebidas, distrubeyéndose alrededor de la mesa y escoltados por sus matones. Ben se levantó para dejar sitio a uno de ellos. Nos miramos uno a uno silientes, analizando nuestros gestos serios y poco expresivos de nuestros rostros: una mínima muestra debilidad y ya tendríamos nuestra sentencia firmada con sangre y plomo.

-Bien Al- comenzó Moran, el peor de todos mis enemigos- ¿Para qué nos has combocado?¿Dónde está Torrio?

-Por eso mismo os he pedido que nos reunamos … Torrio está gravemente herido.

-¿No sospecharás de nosotros verdad?-preguntó O’Banion, dándose por aludido, moviéndose en su asiento.

-Puede … Pero eso no importa-bebí un poco del whiskey que mandé traer de Iowa. Lo saboré; estaba exquisito- La cuestión es que Torrio, debido a las condiciones en las que se encuentra, no creo que vuelva al poder tras el atentado que sufrió hace unos días.

-Y bien …¿Ya tiene sucesor?-volvió a inquierir Moran, mirándome fijamente desde su asiento, frío como el hielo.

-Aún no. Pero, como mano derecha, tengo todas las posibilidades de heredar el negocio …-los miré, con la cabeza bien alta uno a uno- Por eso les reuní … Aún, ni siquiera la policía sabe quien fue capaz de tal aberración … Pero, si algo me enseñó Torrio es a perdonar y ser pacífico …

-¿Qué insinuas?-volvió a interrumpir excéptico O’Banion.

-Que les pienso perdonar y olvidar el asunto … Es hora de empezar de nuevo.

-¿Y cómo nos garantizas que ascendiendo tú al poder no intentarás jodernos?-por fin salió de su silencio Weiss, con absoluta calma.

-Tranquilos … No sean impacientes …

-Es tanta palabrería me huele a encerrona … Ya son demasiado tiempo encerrados aquí, todos juntos, dando sesación de control absoluto de la situación … Al, eres joven, pero nosotros ya somos perros viejos …-dijo O´Banion.

-Haremos un pacto de bandas -dije, mientras posaba la yema de mis dedos sobre los de la otra mano, con los codos apoyados sobre los brazos del sillón.

-¡Ja! Eso no es garantía de nada …-dijo O’Banion, sacudiéndose la chaqueta, nervioso por la risa que le entraba escuchar mis palabras.

-Déjale que hable -regañó Moran a O’banion. Se quedaron desafiantes unos instantes- Déjale hablar al muchacho …-me devolvió la mirada tajante. Y proseguí de mala gana.

-Para asegurarme un buen comienzo y vuestro respeto, hhe pensado en hacer algo que nos beneficie a todos: dividir la ciudad en departamentos y que cada uno nos corresponda. Sería como nuestro terrotorio, donde estarían reunidos la mayoría de los negocios bajo nuestro control y pagaríamos, en el caso de encontrarse en territorio ajeno, una tasa para mantener ese negocio a la banda correspondiente … Bien, ¿qué me dicen?

Se quedaron un momento pensando, sumidos en sus propios pensamientos, sopesando los pro y los contra.

-¿Y cuánto sería esa tasa?-preguntó Weiss, cauteloso.

-La que pongamos todos … Si se sube, habrá que reunirse para evaluarlo entre todos.

-¡Vaya Al! ¡Estás irreconocible!-saltó, irónico Moran.

-Lo único que quiero es hacer dinero sin que me vayan dando por culo - crucé de brazos y le sonreí- ¿Acaso quieres tener un muerto a tu puerta cada día?

-Mientras no me toquen mi familia …-se calló, mirando a su alrededor. Me miró y me sonrió esta vez- Muy listo Al, casi haces que meta la pata …

-Tan perfecto no podías ser.

-Bien … Qué cojones, yo estoy a favor-conluyó Moran, un quemado por ser tan bocazas.

-Yo también-añadió Weiss.

-Y yo-conluyó O’Banion, alzando su copa para celebrarlo. Los demás le seguimos y las cosas no me podían ir mejor …

Los Angeles: Ada Swarty


Pedí a Jimmy que me llevara al aeropuerto a la mañana siguiente. Le recibí con tremenda cara de sueño y una pequeña maleta en la mano. Él me sonrió y me besó delicadamente en los labios.

-Menuda cara tienes …¿Saliste por la noche?-me dijo, llevándome de la cintura.

-Más o menos … Quedé con una amiga para tomar café y acabamos en el Cotton …-me llevé la mano a la frente- Creo que tengo un poco de resaca …

-¿Un poco?- me miró burlón- En fin … Siento haber andado ocupado estos últimos días y no haber pasado más tiempo contigo antes de irte …

-Tranquilo …-le acaricié el pecho mientras bajámos por las escaleras- No creo que esté allí más de un mes … De momento no pienso mudarme a los Angeles … No sé como me irán las cosas …

-Sí, claro … De todas formas avisa cuando regreses …-me tomó de los hombros cuando llegamos a la entrada- Avísame; quiero estar ahí para recogerte …

-Descuida …-le besé y salimos a la calle para tomar el coche.

Tomé de los primeros vuelos de la mañana, por puro masoquismo será … El vuelo serían 9 horas y media aproximadamente, así que, quería llegar por lo menos de día, y de paso, echarme un cabezadita mientras.

Llegué a las ocho y justo comenzaba a anochecer. El mismo señor di Stefano vino acompañado de un agente para guiarme por la ciudad. Afuera me esperaba una limusina y el chico cogió extrañado la única maleta que llevaba. Me enrojecí un poco de la vergüenza y di Stefano me sonrió y me murmuró al oído:

-Tranquila, dentro de poco volverás cargada de maletas de toda la ropa que encontrarás en las boutiques del centro de la ciudad …



Me subí más contenta y me senté en un lado de la ventana, para contemplar mejor las vistas que me podrían ofrecer de la ciudad. Poco a poco, la ciudad iba oscureciéndose y las luces de las farolas nos hacían paso entre las sombras y las calles. Los carteles luminoso de los teatros, cines y demás salas de espectáculos destelleaban con contundentes colores, dando vida a las animadas y alborotadas calles de la ciudad.



Paramos justo enfrente de un lujoso hotel. Di Stefano me ayudó a bajar, ofreciéndome su mano y me quedé completamente maravillada por aquel hotel: era igual de lujuso o incluso más que el Bohemian.








-¿Aquí es donde voy a alojarme?-dije, completamente maravillada, con la vista alzada y mirando de un lado a otro su inmensa extensión.

-Sí; en las próximas semanas considera al Royal Luxury Hotel tu hogar …

-¡Oh Dios!-me llevé las manos a la cara- Esto es demasiado … No, en serio … No me merezco tanto …

-Nada es suficiente para nuestra futura estrella …-me tomó del mentón y se me quedó mirando fijamente a los ojos durante largo rato- Mañana te presentaré a tu agente y saldremos a pasear por la ciudad antes de hacer la audición … Si quieres, por la tarde podremos ir de compras y elegir un nuevo vestuario, más acorde con tu nueva imagen.

Me quedé completamente boquiabierta, sin poder pronunciar palabra alguna. Me sentía flotar, como si estuviese en un sueño demasiado lindo para ser cierto. Pero derrepente, mi parte racional me sacó bruscamente de mi ensoñación, viéndome a mi misma estamparme contra el suelo, desde una gran altura y a gran velocidad.

-Ajam …Pero,¿a qué hora es mi audición?-me volteé, ahora con gesto más serio en el rostro- ¿Qué se supone que debo hacer? Lo digo más que nada para llevar algo preparado … Puedo ensayarlo en mi habitación esta misma noche …

-Tranquila Ada, no debes preocuparte de eso …-me tomó por un hombro y nos encaminamos hacia el interior del hotel, adentrándonos en la inmensa recepción- Para eso habrá más tiempo … Ahora, debes relajarte … Tómate un baño y disfruta de lo que te rodea …

-No - contesté contundente- Quiera tener por lo menos una parte del guión en cuanto al personaje que me corresponda … Quiero demostrar mi talento por méritos más allá de mi físico … Si mañana tengo la sensación de haberlo hecho mal, rechazaré el papel … Espero que eso le haya quedado claro.

Me miró sorprendido durante un rato y después, paulatinamente, se le fue dibujando una sonrisa en los labios.

-Así me gusta … Una mujer con carácter, ambición y amor propio …Bill-se dirigió a su agente y este le pasó unos papeles que sacó de su maletín- Tu eres Jani Walsh … Estúdiate el principio, la primera escena … Con eso será suficiente.

-Bien -cambié mi gesto rápidamente, con una sonrisa de oreja a oreja- Mañana lo tendré todo listo …¿A qué hora vendrán a recogerme?

- A las nueve esté lista … Le esperaremos abajo, con el mismo coche …-me guiñó un ojo y me me cogió una de las mejillas como si fuese una chiquilla- Quiero verte fresca como una rosa mañana … Así que …

-Sí, papi …-le contesté en tono burlón mientras nos dirigíamos hacia la recepción para coger las llaves mi habitación.

Me sonrió y antes de despedirnos, mientras el botones cogía mis cosas y llamaba al ascensor, me susurró al oído:

-A partir de ahora me puedes seguir llamando papi …

-De acuerdo, papi …-le contesté en el mismo tono de manera seductora e infantil.

Residencia Capone: Al Capone


Aquella mañana me tuve que sacar de la cama Mae. Andaba bastante cabreada por haber llegado tan tarde … La verdad que me ganaba a pulso sus reproches. Me tiró de las sábanas con violencia.

-¡Vamos arriba, sinvergüenza!Tienes visita …-me dijo Mae, lanzando hacia un lado la sábana y saliendo por la puerta.

-¿Quién coño quiere verme a estas horas de la mañana?-grité, revolviéndome en la cama y de malhumor.

-Tu hermano …-me dijo, iendo de un lado a otro del pasillo de la habitación de arriba.

-¿Cuál de ellos?-pregunté más calmado pero con aún mucho sueño, mientras me reincorporaba en la cama.

-Umberto … Anda date prisa y no le hagas más esperar …-me dijo desde la puerta, llevando en brazos a Sonny.

Me levanté lentamente de la cama en calzones y me dirigí al baño para pegarme una buena ducha y quitarme la vaguería de encima. Me puse el traje verde oscuro y de paso me bajé mi sombrero blanco, ya que enseguida tendría que volver a mis negocios …

Allí estaba mi hermano, más nervioso de lo habitual, con su traje de pobretón y la boina entre las manos. Se levantó nada más verme y me abrazó efusivamente … Maldito pequeñajo, ya me sacaba más de una cabeza … Pero andaba muy delgaducho …

-No sabes lo que necesito de tu ayuda …-me susurró al oído. Nos separamos y le di unas palmadas en la espalda.

-Hacía tiempo que no te veía …¿Qué tal te fue en Phoenix?

-No muy bien, hermano … De lo contrario, no hubierha vuelto …

-¿Cómo? Vamos, siéntate y me cuentas …- le dije, preocupado e invitándole a sentarse- ¿Quieres alg de tomar? Te veo muy delgado …

-No, gracias … Solo agua …

-Vamos, estás como en casa … Quédate a comer, ¿vale?

-Está bien …-me dijo, mirando al suelo, como avergonzado por su apariencia de pordiosero.

-Bien, cuéntame, qué te pasó allá …

-Nada, hermano … Mi mala suerte habitual … No tengo la buena estrella que tu tienes … Las tierras que compré resultaron ser un auténtico timo … No había oro ni minas … Ni, por decirlo de manera exagerada, había una sola mierda de vaca … Algo de lo que pudiese sacar partido … Me siento tan estúpido … Al final, tuve que venderlas al estado porque no servía para nada … Y a penas me dio para el billete de venir aquí …

-¿Quién fue el hijo puta que te vendió las tierras?-dije, completamente serio.

-Ahora mismo no me acuerdo … Pero creo que era un hombre de origen hispano … Maneja otras tierras con petróleo y eso … Parece que se encontró con la misma estampa que yo y estaba loco por venderlo … Así que, estúpido de mí, me dejé engañar … Dios mío … Un Capone como yo …

-Tranquilo, hermano …-le puse la mano encima de su muslo, para hacerle sentir mejor- Tú avergiuar como se llama ese bastardo y yo me haré cargo del resto …

-Oh, Al -me abrazó emocionado- No sabes cómo te lo agradezco …-me dio dos besos en las mejillas, agarrándome fuerte de la cara y con las lágrimas a punto de salirse de sus ojos.

-Anda … Déjate de mariconadas y dime …¿Qué más necesitas?

-Bueno … La verdad que yo venía más que nada para que me hicieses un sitio en tus negocios …

-Eso está hecho … Eres mi hermano y haré todo lo posible por ti … Esta casa es muy grande y no nos vendría mal un poco más de vida en esta casa …

-Por cierto, he sido tan maleducado …¿Cómo están papá y mamá?

-Padre … Anda muy enfermo ya … El médico dice que anda en sus últimos días …

-Vaya …Hice bien en volver … Iré a visitarle …

-Sí, si quieres nos podemos pasar antes de ir al curro … Hoy mismo empiezas …

-¿En serio?- exclamó, abriendo sus ojos- Dios mío Al, no se como te voy a recompensar …

-Ya lo harás, tranquilo … Que ya lo harás … Sube a darte un baño y que ten den un traje … También tendremos que comprarte ropa … Pero eso más adelante …¡Mae!

-Dime, querido …-entró, con Sonny en brazos y dándole el biberón.

- Dile a Geri que le tome medidas a mi hermano y que vaya después a nuestro traje para que le vaya confeccionando unos trajes a mi hermano …

-Está bien …-se marchó tranquilamente.

-Si me permites, tengo que hacer unas llamadas … Vamos, date prisa y que no tardaré nada … Tenemos muchas cosas que hacer y nos debe cundir bien la mañana …

Gran Bohemian Hotel: Ada Swarty

Me quedé apoyada en la pared, completamente atónita por el comportamiento de Al … No me esperaba eso de él … No me esperaba que fuese capaz de hacerme daño … Y que disfrutara con ello … La sangre corría, remarcando la palidez de mi piel … Creí a punto de desmayarme, pero me recobré enseguida tras volver a abrir mis ojos y tragar saliba. Apreté la palma de mi mano y me alejé de la pared.

Los dos brutos andaban enzarzados en una tremenda pelea, rodando por el suelo mientras se ponían el uno sobre el otro liándose a puñetazos alternativamente. Les miré un rato ida, sin hacer nada … Absolutamente nada. Es más, me resultaba como si no estuviesen allí mismo, liando un escándalo de narices.

Entonces, la puerta de una de las habitaciones se abrió lentamente y se asomó una mujer en bata, con cara de sueño y los cabellos rizados alborotados. Si no recordaba mal, esa era la habitación de la que vi salir a Al, hacía unos minutos … Una sesación ardiente me recorrió el cuerpo desde la punta del dedo gordo del pie hasta la boca, haciendo que chirriase con los dientes, apretándolos hasta sentir que me hundían en mis encias …

-¡¿Pero qué diablos …?!-dijo ella, mientras se agachaba, trantando de separarles horrorizada.

-Déjales que se den bien …-dije, apoyándome de nuevo contra la pared, sin dejar de apretarme la mano y agarrarme el brazo por la muñeca - No son más que un par de animales ambos … No se harán más daño del necesario …

-¿Y tú quién eres?-me dijo, mirándome con desprecio, y apoyándose sobre el marco de la puerta con una mano.

-Eso mismo me pregunto yo de ti …

-¿Estás herida?-dijo, precatándose de la sangre que se deslizaba por mi antebrazo.

-Es evidente, ¿no? … Aún no me contestaste a la pregunta que te hice …

-Perdona guapa, pero la pregunta te la hice yo primero …

-Disculpe señorita … O debería decir,¡putón vervenero!- dije con rabia y escupiendo las palabras, sospechando quien era esa furcia …

-¡¿Qué me llamaste?!-gritó furiosa, encaminándose hacia mí.

-Lo que tú y yo sabemos …¿acaso no es cierto?-me puse en jarras, a pesar de lo que me dolía la palma de la mano- ¿Qué hacías con él?

-¿Con quién?-me dijo, poniéndose de cara contra mí y desfiandome con la cejas alzadas.

-¡Con Al! Dime, de qué le conoces.

-Eso a ti no te importa …-dijo, dándose la vuelta y riendo como si yo fuese idiota- Solo pasábamos un buen rato … Qué pasa … ¿Es que acaso tu no haces lo mismo?

Nos quedamos fijamente mirándonos, cuando subieron unos guardias corriendo por las escaleras, junto con el encargado de recepción.

-¿Qué es todo este jaleo?- gritó este último, mientras los guardias tomaban a cada uno de los luchadores para separarles- Señoritas …¿Ustedes tienen algo que ver? He recibido más de 50 llamadas de aviso en mediu hora por todo el jaleo que estaban montando ustedes …-nos reprochó, mientras nos señalaba con el dedo de modo inquisidor y bastante alterado.

-¡Vale! ya paramos …-dijo Al molesto, deshaciéndose de las manos de uno de los guardias. Se acercó al responsable y le puso una brazo alrededor del hombro- Mire, disculpe todas las molestias causadas …-le metió un fajo bien gordo de billetes en un de los bolsillos del traje del hombre, un poco intimidado por su actitud- Pero no haga dramas de esto …-dio una palmaditas sonriendo- Y no llame a la policía … Si quiere, ahora mismo nos marchamos y aquí no ha pasado nada …-se alejó para acercarse a la chica y cogerla de la cintura, a lo que ella le constetó mirándola pícara y sonriendo.

-Esta bien … Pero desen prisa en desalojar, o si no … Usted se queda con sus billetes y pasan la noche en la celda de comisaría …-hizo un gesto a los guardias y se dirigieron al ascensor para bajar.

Me echó una mirada, mientras besaba la cabeza de la otra, que también me miraba, y se metieron en la habitación. Estúpidos … Provocadores. Sentí el tacto de Keith, tomándome por los hombros y me miró con gesto preocupado.

-¿Estás bien querida?

-No del todo como querría …-dije, tratando de sonreir.

-Cuando recojamos nuestras cosas, vamos a un hospital o enfermería para que te curen eso … Se te podría infectar … Pero en serio, ¿estás bien?

-Sí, tranquilo …-le acaricié con la otra mano para tranquilizarle.

-¿Te hizo algo más ese desgraciado?- Me precaté que sangraba un poco por su nariz chata y tenía el labio inferior partido. Sonreí … Aunque tenía unas ganas inmensas de llorar.

-No, no me dejaría … Tú también deberías curarte esas heridas …

-Oh … No son más que rasguños …-me dijo, sonriendo de manera dulce.

-Entonces … Vamos … No quiero volver a toparme con esos indeseables …-me agarré de su brazo.

-Ni yo tampoco …-me besó en la cabeza y nos encaminamos hacia nuestra habitación para vestirnos y volver a casa …

Gran Bohemian Hotel: Al Capone


Me quedé sentado al borde de la cama hasta que terminé el cigarro. Loolah dormía cual angelito. La acaricié la espalda, recorriéndola entira y ella se movió, sin abrir los ojos, remolona en su posición. Me levanté y me puse solo los pantalones. Cerré la ventana para que no cogiera frío y me puse la camisa sin abrochar.

Necesitaba tomar el fresco un rato antes de volver. Cogí las llaves para que al entrar de nuevo no tuviera que despertarla a base de mamporros en la puerta. Cerré lentamente sin hacer a penas ruido y me quedé un rato embobado mirando al tirador de la puerta. Entonces, salí de mi ensoñación al escuchar el ruido de otra puerta que se cerraba.

Miré y vi como una figura salía desde el fondo del pasillo. Se balanceaba de un lado a otro pero a penas podía distinguir quién era. Me di la vuelta indiferente para dirigirme a las escaleras de emergencias para subir hacia la azotea. Pero entonces, a voz de Ada pronunciando mi nombre me paró en seco en mi andar. Me giré lentamente y ahora si que la pude reconocer. Llevaba una rosa detrás de la oreja y en una mano sotenía una botella medio empezada de champagne.

-¿Al?¿Eres tú? …-dijo arrastrando las palabras, medio borracha.

Me giré un poco desganado y cabreado, mirándola serio y con las manos en los bolsillos.

-Me resulta increíble que me reconocieras llevando la corgorza que tienes encima …-comenté molesto.

-Puto borde …-refunfuñó- ¿Qué haces tú aquí?

-Eso mismo te pregunto …

-No, te he preguntado yo primero …-dijo, alzando la mano donde llevaba la copa para señalarme- ¿Es que acaso me sigues a todas partes?

-Eso mismo me pregunto yo …-dije sonriendo irónicamente.

-¡Ay ya, para de responderme así!

-Y tú deja de beber … O mañana perderás el vuelo …-dije, furioso y arrancándola la botella de las manos.

-¡¿Por qué me quitaste la botella?!-dijo alterada, dándome inútiles golpes en el pecho.

-Ada, estás demasiado bebida, mi amor … Déjame que te acompañe de nuevo a tu cuarto … Te vendrá bien descansar un rato …

-¡No!-gritó completamente borracha- ¡Yo quiero más marcha!¡Voy a por más bebidas! Keith debe estar esperándome …-dijo, intentando huir de mis brazos.

-¿Quién ese?- la tomé de los hombres firmes, sitiéndome un gran cornudo-¿Acaso es ese gorila con el que te fuíste del Cotton?

Se quedó callada un momento, sumida en sus pensamientos. La alcancé la rosa que llevaba enredada en el pelo. La olí levemente y después la eché un vistazo con desprecio.

-¿Te ha regalado un rosa?-dijo en un tono de burla- Qué romántico …

-Ya basta, Al … Tú eres menos que nadie para recriminarme nada …Si no …¿qué haces en un hotel semidesnudo a estas horas de la noche? Dime, ¿quién es la furcia con la que andas? ¿Alguna bailarina del Cotton?

-Qué va … Una mujer extraordinaria con la que me topé allí … Es toda un experiencia … Yo no me ando con putas como hace el armario con el que estás …

Agarró fuerte por el tallo de la rosa con rabia e intentó arrancármelo. Pegó un tirón y se rasgó con las espinas la palma de las manos, comenzando a echar chorros de sangre incesantemente. Me miró asustada y yo por un momento temí por ella … Pero pronto se me pasó, cuando volví a posar de nuevo los ojos sobre la sangre escarlata, que brillaba con las luces del pasillo con un brillo extraño. Se me cruzaron los cables.

La agarré por la muñeca con fuerza, apretando los dientes hasta hacerlos chirriar. Posé la flor sobre su palma y con la otra libre, cerré los dedos entorno y apreté con más fuerza que la empleada en la muñeca. Ella comenzó a abrir aún más la boca y un grito sordo y continuo se escapaba de su garganta.

Me sentía completamente invadido por la ira, excitado con la sangre que resbalaba por su brazo y su cara de dolor. Ahora gritaba, gritaba sonoramente. Me llevé su mano sangrante hacia el pecho, mientras nos mirábamos, intercambiando miradas de odio y amor. Me arañé con algunas espinas, pero nada tan grave en comparación con lo que le estaba haciendo a Ada.

Un hombre salió en albornoz de la habitación del fondo de donde antes salió Ada, corriendo en cuanto nos vió. La solté y ella se hechó hacia atrás, apoyándose contra la pared y agarrándose horrorizada la muñeca, mientras contempleba las heridas y las espinas clavadas. La rosa cayó al suelo, desparramándose alguno de los pétalos, mientras en la alfombras roja se comenzaba a formar un charquito de color más oscuro.

-¡¿Qué la has hecho maldito hijo de puta..?!- dijo el gigantón, dirigiéndose hacia mía con rabia y dispuesto a pelear … Pero yo no me dejaría ganar tan fácilmente …

Gran Bohemina Hotel: Ada Swarty

Estábamos al borde del éxtasis cuando de pronto sonaron unos golpes insistentes en la puerta. Nos separamos a regadientes y el salió de la bañera, poniéndose un albornoz blanco encima. Eché la cabeza hacia atrás un rato, respirando hondo y volviendo a posar los pies sobre la tierra. Me toqué la frente un momento, ya que derrepente y sin venir a cuento me dio un leve dolor de cabeza.

-¿Te encuentras bien?- me preguntó Keith, situándose detrás de mí.

-Sí, tranquilo- le sonreí para tranquilizarle y tomé la mano que me ofrecía para ayudarme a salir del agua.

Me rodeó con sus fuertes brazos la cintura, apretándome de cerca contra él, mientras me daba leves y dulces besos en la boca. Me acercó otro albornoz, de mi talla, y nos dirigimos hacia la habitación en si. Sobre una mesita de té, estaba puesta una bandeja de plata, con el pedido que habíamos hecho más una rosa, cucamente colocada con un pequeño jarroncito de cristal. La cogí para olerla; estaba recién cortada.

-¿Esto es para mí?-le pregunté coqueta, llevándomela a los labios y pasándola los pétalos por la comisura de los mismos lentamente.

-¿No te lo esperabas …?-me acercó de nuevo contra si.

-¡De un hombre tan bruto no me lo imaginaba!- comencé a reír, rodeándole con mis brazos el cuello, mientras la rosa prendía en una de mis manos.

Nos fundimos de nuevo en un beso fogoso y apasionado, entremezclando nuestras lenguas en un travieso juego de toqueteos y pillería. Podía notar como volvía a estar predispuesto para la acción … Las telas de un albornoz eran traicioneras. Paramos y me llevó de la cintura hasta la mesita, donde cogió una fresa, la untó delicadamente en el bol de nata y me la acercó a la boca, sin dejar de mirarme con los ojos brillantes de lujuria.

Saqué mi lengua húmeda para probar la dulce nata, provocándole al mismo tiempo con la mirada … Abrí lentamente la boca para abarcar con ella la diminuta fresa, poniendo los labios en u … La saboreé, emitiendo un leve gemido de placer mientras las masticaba. Me acarició los labios con la yema del dedo, como hipnotizado por ellos y me volvió a besar.

Me aparté de él para coger la bandeja y llevarla a la cama. Si lo derramábamos, de eso se encargaría el servicio de limpieza, no me importaba. Nos sentamos en la cama, mientras él se desaflojaba un poco el nudo del albornoz. Tomé otra, esta vez sin nata y la dejé entre mis dientes, cerrando los ojos y acercándome a él a gatas lentamente. Captó el mensaje y él tomó la otra mitad, al mismo tiempo que nos besábamos sabrosamente.

Su mano se posó acariciando mi muslo, alcanzando peligrosamente mi entrepiernas mientras jugueteábamos con la nata y la fresa. Metí un dedo en la nata y me lo llevé a la boca, jugueteando con ella mientras él me miraba mordiéndose los labios. Volví otra vez a lo mismo y se lo ofrecí. Me lo chupaba con dedicación, cerrando los ojos de goce. Agarraba las sábanas de excitación, a la vez que yo ahora me mordía los labios, conteniéndome las ganas de abalanzarme sobre él y hacerle el amor sin compasión.

Caprichosa le abrí el albornoz, dejándome a la vista su espléndido torso y cogí un poco de nata y comencé a untarsela, mientras le dirigía una sonrisa pícara. Me incliné para lamerle los pezones tiesos y acariciarle los abdominales, mientras él agarraba como podía mi trasero, haciéndome que me acercara aún más a él. Llegué a un momento en que podía notar su enorme miembro chocar contra mi babilla. Entonces lo agarré con una mano y le comencé a chupar lentamente de arribabajo, alternándolo con movimientos rápidos y contudentes tanto en la punta del glande cómo en la parte del frenillo.

Aquello le volvía loco y yo sabía perfectamente lo que hacía en cada momento. Me agarraba con fuerza de los cabellos, mientras le oía gemir delicadamente. Disfrutaba enormemente yo también, mientras notaba como estaba comenzando a humedecir ahí debajo de forma pegajosa, excitada por darle placer de aquella manera.

Entonces, sin ser capaz de preveelor, me agarró con ambas manos bruscamente la cara y me besó los labios fogoso, intentando entra en mi boca a través de su lengua. Poco a poco, nos fuímos recostando y abrió con violencia mi albornoz, para después pasar delicadamente su mano por mi cuerpo, sin separar nuestras bocas.

Se colocó habilidosamente sobre mí, mientras yo abría mis piernas automáticamente para acoger sus caderas entre ellas, haciendo caer la bandeja al suelo. No le dimos mayor importancia, continuamos acaricíados con suavidad, disfrutando de cada beso, de cómo poco a poco íbamos reconociendo nuestros cuerpos a través del tacto …

Sumida en mi propio paraiso de placer, sentí como de una sentada se introdujo dentro mía. Abrí los ojos con una mezcla de dolor y placer. Me aferré con fuerza a su espalda, clavándole mis uñas agresivamente con cada embestida. Golpeaba la cama excitada, mientras el me penetraba medio de rodillas y yo arqueba mi espalda. Me mordía los pechos erectos y hacía que mi piel se pusiera de gallina …

Me volteó, cogiéndome por las caderas, reincorporándome en una posición a cuatro patas, medio aturdida y extasiada, y me agarré los hierros del cabecero de cama para apoyarme en algo sitio sin tener que caerme. Entró de nuevo en mí. Notaba un placer aún más intenso ahora en aquella postura. Ahora ya no podía retener mis gemidos. Gritaba como perra, y nunca mejor dicho, mientras él se movía fuerte y cada vez más rápido dentro mía.

Golpeaba insistente los tubos dorados, pidiéndole más intensidad, más profundidad … Incluso le llegué a pedir en mi grado de excitación que gimiera. Lo hizo. Su grave voz me llevaba a la locura si más se podía. Me agarraba con fuerza las caderas, mientras notaba como su pelvis chocaba contra mis nalgas … Ya no podía aguantar más y me salí cayendo sobre la cama derrimbada, mientras mi interior se debordaba sobre las sábanas.

Entonces, me dí la vuelta y le pedí que se corriera encima mía. Se cogió el pene y comenzó a agitarlo de manera rápidisima, mientras yo le acariciaba el perineo, justo detrás de los testículos y le lamía la punta del glande. Podía observar como echaba la cabeza hacía atrás y cerraba los ojos fuertemente, en un gesto de placer absolutamente masculino. Estaba a punto. Sus movimientos eran aún más alocados y me recosté sobre la cama, mientras me acariciaba cada contorno de mi cuerpo con ambas manos, restregando mis muslos el uno contra el otro de puro deleite.
Se inclino sobre mí y recibí encantada su pegajoso y blanco liquído, mientras me los restregaba por el pecho y el vientre. Cayó derrumbado a un lado de la cama y me limpié una mano en las sabanas antes de acariciarle el sudoroso rostro.

-No me arrepiento de haber pasado esta noche contigo … Eres increíble, Ada …-me dijo, entre respiraciones entrecortadas por el cansancio y con una cara de absoluta felicidad.

Gran Bohemian Hotel: Ada Swarty

Entramos bastante modositos al hotel, tras habernos metido mano indiscriminadamente en el taxi durante el trayecto de ida. Llegamos bien cogiditos del brazo a la recepción. Aquel día andaba especialmente tranquilo el Bohemian … Keith pidió una de las suites y nos dirigimos paso apresurado hacia el ascensor.

Su mano se colaba por entre las telas de mi falda mientras yo me reía, apretada en una esquina del ascensor y clavando mis dedos enguantados en su enorme espalda. Me besaba con besos largos, separando sus labios de los mios en cada intervalo de separación. Arrastraba sus labios por los míos, provocando una pequeña explosión en mi interior más fogoso. Me eché para atrás, apartando mi cara de la de él y esbozando una sonrisa traviesa.

-Tranquilo … No vaya a ser que acabemos aquí la noche …

-¿Acaso no te gustaría …?

-La verdad, estaría más cómoda en una cama …-me reía y él me mordió con suavidad el cuello.

-¿Quieres que pidamos algo para que nos lo suba …?

-Ahora que lo dices … Siempre he deseado hacer eso típico de las fresas …-deslicé mi dedo por su pecho, haciendo curvas- …nata …- bajé más allá de su vientre- … y chamgne …-le agarré fuerte del bulto mordiéndome los labios burlona.

Abrió los ojos sorprendido y con la boca entreabierta, como si se le hubiera entrecortado la respiración. Cuando pudo reaccionar con más normalidad, me agarró fuerte las nalgas, sonriéndome con su cara de diablillo …

Llegamos a nuestra planta y le quité las llaves, para correr por el largo pasillo y encontrar la habitación. Él también salió disparado detrás mía. Con la mirada rápida, busqué la habitación. Ahí estaba. Metí la llavé con las manos temblando, mientras notaba el cuerpo caliente de Keith detrás mía, presionándome con su miembro palpitante …

Conseguí abrir la puerta y, antes de poner un pie en la habitación, me colgé de su cuello y apreté mis labios con los suyos. Me ayudó a colocarme en su cintura agarrándome del trasero. Me llevaba abrazada a él, mientras yo movía seductoramente mi vientre, haciéndolo rozar con su intimidad. Me recostó con delicadeza sobre las sábanas blancas de seda, para después repasar las líneas de mi cuerpo con gran mano …

Se sentó al borde y cogió el auricular del teléfono. Mientras, yo me levanté y me di un paseo por la habitación, poniendo atención en cada uno de los detalles de aquel lujoso cuarto. Era tan blanca, que parecía virginal, incluyendo los querubinges que observaban desde el techo … Aquella idea me excitó, solo de pensar en las perversiones que se podían hacer en aquel cuarto.

Me quedé parada frente a una de las enormes ventanas y aparté con delicadeza las suave cortinas. Toda la ciudad de Nueva York centelleaba en medio de aquella inmesa oscuridad en la que estaba sumida. Noté el aliento de Keith recorrer mi nuca y sus brazos rodear mi cintura … Apoyé la cabeza sobre su pecho, cerrando los ojos.

-Dentro de poco subirán el pedido …-me susurró, mientras comenzaba a juguetear con lo alto de mi oreja.

-Entonces …¿empezamos por mientras?-dije, dándome la vuelta y comenzando a desabrochar su camisa.

-Espera, antes quiero mostrarte algo …-me tomó de las manos y me dirigió hacia el baño. Allí había una gran bañera, de forma hexagonal, que sobresalía pocos metros por encima del suelo.

-¿Qué es eso?-mire expectante, sin saber qué más decir exactamente.

-Es una bañera con burbujas … Un invento reciente … Lo oí hace poco en la radio y desde entonces no hhe pensado más que en probarlo …

-¿De veras?-dije, un poco desilusionada, pues pensaba que lo que más ansiaba en él en ese momento era hacerme el amor.

-Vamos, quítate la ropa y vamos a probarla juntos …-me dijo, arqueando las cejas y desabrochando los botones de mi blusa.

-Bueno, puede ser divertido …-contesté animada, volviendo a recobrar la sonrisa.

Mientras nos desnudábamos el uno al otro, podía observar con deleite el escultural cuerpo de Keith, músculo por músculo. La camisa cayó al suelo, mientras acariciaba cada surco de su cuerpo fascinada, recorriéndolo con la yema del dedo … Él sonreía, mientras me acariciaba la cintura y las caderas …

Me ayudó a meterme dentro de aquella bañera extraña y me incorporé en un rincón, metiéndome con sumo placer por la temperatura del agua, sin llegar al cabello. De repente, aquello se puso en marcha y pude notar un chorro que me dio directamente justo por encima de donde acababa la espalda … Las aguas se movieron ligeramente y enseguida, al abrir los ojos repentinamente me topé con la cara sonriente de Keith medio sumergida en el agua.

Me besó en los labios tiernamente mientras atraía mi cuerpo hacia el suyo … Podía sentir bailar entre mi sexo el suyo … Miles de burbujitas nos rodeaban … Era una sensación tan agradable el sentirse excitada al mismo tiempo sentir el cosquilleo de las burbujas chocando contra la ardiente piel …

Sus húmedos labios pasaban inadvertidos por mi piel mojada, pero el placer que me producían era, si cabía, más intenso … El mero echó de acariciar sus musculos, me daban ganas de clavarle las uñas en esa dura carne, y de hecho, así lo hacía … Mientras, él me aprisionaba contra una esquina de la bañera … Su pene rebotaba contra mi vientre …

La mano que me acariciaba los muslos, pasó por el interior de la pierna hasta localizar mi intimidad, e introduciendo lentamente un dedo dentro mía … Eché la cabeza hacia atrás sumida en el más impuro de los placeres, mientras lo movía con gran habilidad, produciendo que mi espalda se arquease más de lo que yo creía posible … Mi mano nadó entre las aguas burbujeantes para agarrar su miembro con fuerza y sacudirlo sin piedad …

Nuestros rostros se apoyaban el uno en el otro, los alientos se entre cruzaban, no solo el uno con el otro, sino también con el cálido vapor que desprendía la bañera … Nos masturbábamos con ansiedad, como si fuese lo único que se nos permitiese hacer, olvidándonos completamente del coito …

domingo, 1 de marzo de 2009

Cotton Club: Al Capone


-Mi nombre es Alphonse Capone, pero me puedes llamar Al …-me miraba embobada y con una sonrisa iluminando su bello rostro.

-Un placer … El mío es Tallulah McPherson … Pero también me puedes llamar Loola …-su voz sonó irresistiblemente seductora, y nos quedamos por un instante mirándonos como animales en pleno cortejo- Italiano, ¿cierto?

-Sí, más o menos … Bueno yo nací acá, pero mis genes son cien por cien italianos …

-Me sorprende, tiene unos ojos muy claros … Y bonitos.

-Gracias …Me va hacer sonrojar, a un hombre como yo …-dije en tono de broma.

-¡Ja, no me lo creo! Usted tiene pinta de ser más macho que ninguno de los hombres que aquí se encuentran …-me tocó la solapa de la chaqueta y me sonrió. El barman nos sirvió las bebidas y yo le acerqué la suya- Gracias …-me miraba con ojos brillante mientras provaba de su copa.

-Y usted …¿Qué me cuenta? ¿Qué hace una señorita tan elegante como usted metida en este antro de putas?

-Es una historia muy larga …-sus ojos bajaron para centrarse en su copa con cierto tono de melancolía, después alzó la cabeza, mirando a los focos que colgaban del techo como si estuviese a punto de llorar- No quiero amargarle la velada contándole mis penurias …-dijo sonriendo, y centrándose ahora en el jugueteo de sus dedos sobre el cristal de la copa.

-Tranquila … No sabía de la gravedad de la situación …-le tomé una de sus pequeñas manos y la apreté con fuerza, mientras acariciaba con los dedos su pálida piel.

-Yo solo he venido a divertirme … Y olvidar, volver a sentirme mujer de nuevo …- me miró con determinación con aquellos ojos verdosos enmarcados por dos finísimas cejas.

-Pues te has topado con la persona adecuada para ello …-le dije, esbozando una media sonrisa. Me tomé apresurado mi trago y eché un par de billetes sobre la encimera de mármol- Quédate con el cambio muchacho …


Me levanté y la tomé de la mano, invitándola a bailar. Ella me sonrió y una tibia lágrima cayó por una de las sonrojadas mejillas. La aparté con delicadeza y nos dirigimos hacia la pista de baile. Estaba la oquesta tocando a ritmo de sSwing en ese momento. No era un gran bailarín, pero para conquistar a aquella joven hice lo que pude. Ella parecía contenta, moviendo los flequillos de su vestido alocadamente.

Sus pies se movían más rápidos que los míos y ella se reía de mi torpeza, pero yo la seguía el juego y la hacia reír más de lo que cabía posible. La daba vueltas cogiéndola de un mano y la lanzaba de un lado para otro. Estaba disfrutando. Entonces, la agarré por la cintura y la apreté contra mí, mientras ella no dejaba de mover sus caderas entorno a mi paqueta. Agarré de los muslos, acompañándola con mi vientre.

Ella apoyó sonriente su cabeza sobre mi hombro y me acariciaba la cabeza con una de sus manos alzadas. La besé en su esbelto cuello, y aspiré extasiado el perfume de rosas que se había echado encima. Me mano subió para acariciarla el vientre y noté su excitación cuando me agarró con fuerza por el muslo. La volteé y nos quedamas mirándonos fijamente, con las narices rozándose en un vaivén lento y suave.

-¿Qué te apetecería hacer ahora mismo?…-murmuré excitado, pero sin perder la sonrisa de la boca.

-Un sitio donde poder hacerte mil y una locuras … Eres mejor bailarin de lo que piensas …-me dijo, rodeándome con sus brazos el cuello.

-Lo que sé hacer bien es complacer a una mujer …-la acaricié el trasero lentamente. Pude notar como temblaban sus piernas.

-No sé si podré aguantar por mucho tiempo …-sus ojos se entrecerraba, embriagada por el placer- Hace tanto tiempo … Que no me trataban así …

-No hay que irse tan lejos …

-No, no …-abrió los ojos, como si hubiera recobrado la conciencia y tragó saliva- Yo quiero hacerlo en un sitio en condiciones …-la tapé la boca con un dedo para que callase.

-Sígueme …-la llevé por la cintura hacia el pasillo que conducía a los baños.

-Pero …

-Shhhh … Luego te llevaré a un sitio mejor … Ahora déjame que te haga una cosa para entrar en calor …

La apoyé contra la pared y la apreté con fuerza mientras comprobaba sus curvas corparales con mis manos firmes y seguras. La notaba temblar de arribabajo. Se aferraba a mis hombros con debilidad, como si estuviera a punto de caer, pero yo la sostenía contundentemente, con traquilidad, a pesar que deseaba hacerla de todo en aquel instante. La subí delicadamente la falda y tanteé por encima de su ropa interior para comprobar que andaba húmeda como una perra en celo. Nuestros besos eran rápidos, ansiosos, como si tuviéramos mucha hambre sexual.

Colé mi dedo por debajo de la goma y acaricié la dulce carne, que se abría fácilmente a mi paso. Sus repiración comenzó a acelerarse y podía notar su pecho chocar contra el mío. Se colgó sobre mis caderas, mientras, en un alarde de agilidad me sujetaba con una mano y a ella sobre la pared, mientras jugaba con dos dedos en el húmedo interior de ella.

Sus caderas se movían excitadas, al mismo compás que mis dedos dentro de su vagina. Poco a poco, y con cuidado de no caernos, me fuí arrodillando en el suelo, hasta que su trasero se posó definitivamente y quedó sentada, apoyada contra la pared. La arranqué la rompa interior para comprobar maravillado, con a penas luz, sus labios gruesos, palpitantes, rojos como la sangre, pidiendo más, mientras su clítoris se mostraba orgullos, a punto de explotar.

Me agaché excitado, con las glándulas salivares funcionando incesantemente. Aspiré su aroma femenino y comencé con una de las tareas que más me gustaban: hacer disfrutar a las mujeres de aquella manera tan poco común. Saboreé sus jugos, mezclándolos con mi saliva, mientras agarraba con fuerza sus caderas para que no se moviera mucho. Sus uñas se clavaban en mi cabeza, mientras escuchaba sus gemidos, entemezclados con el Ragtime que ahora tocaba la orquesta y las risas borrachas de la gent que bailaba en la pista central.

Succioné su clítoris, aprisionándolo con mis labios mientras daba leves puntaditas con la lengua o hacía círculos, alternando ritmicamente cada movimiento para que no se hiciera monótono y siempre ella estuviese experimentando constantemente placer. Mi miembro estaba a punto de rebentar el pantalón. Pero en ese momento prefería que ella disfrutara pasivamente de mis juegos.

No la podía ver desde mi altura y entre tanta oscuridad, pero con solo imaginar los gestos de placer de su cara, no podía sentirme más orgulloso de mi labor. Se quedó tiesa como un tronco y recibí sediento su néctar. Me levanté, al mismo tiempo que lo saboreaba y me lo tragaba lentamente. Los cabellos se le pegaban al sudor de la frente y sus mejillas estaban completamente rosadas, mientras su rotro estaba completamente relajado un gesto de felicidad absoluta.

Saqué un pañuelo del interior de mi chaqueta y la limpié suavemente, para después limpiarme el sobrante que quedaba en mis labios. La acaricié el rostro y ella me besó, aún sofocada.

-Vayamos al Bohemian …-la dije, ayudándola a levantarse- Allí te sentirás como una reina, rodeada de lujo mientras disfrutas del placer …-me sonrió, abriendo sus enormes ojos.